Brian “Head” Welch – I am Second

June 6th, 2010

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Brian “Head” Welch ex-guitarrista de Korn, en este vídeo nos habla de como fue su encuentro con Jesús.

Y lo mas importante es que, con una Oración muy corta es mas que suficiente para que Dios haga su voluntad en las personas.

Les dejamos este vídeo para que vean como se cumple la Palabra de Dios, donde nos dice:

1 Corintios 1:27-29

27Antes lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar á los sabios; y lo flaco del mundo escogió Dios, para avergonzar lo fuerte;

28Y lo vil del mundo y lo menos preciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es:

29Para que ninguna carne se jacte en su presencia.

La Oración del Padre Nuestro

June 6th, 2010

Dios los Bendiga en esta primera publicación hablaremos acerca de la Oración, agarren su Biblia y a ver lo que dice la Palabra de Dios sobre como debe ser nuestra oración.

Mateo 6:5

cuando oras, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en los cantones de las calles en pie para ser vistos de los hombres: de cierto os digo, que ya tienen su pago—La postura de pie al orar, era la práctica antigua, tanto de los judíos como de la iglesia cristiana primitiva, como bien lo saben los que han estudiado este asunto. Pero claro está que esta postura abría las puertas a la ostentación.

Mateo 6:6

6. Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara [un lugar de retiro], y cerrada tu puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público—Es evidente que lo que aquí se condena no es la oración en público. Esta puede ser ofrecida en cualquier circunstancia si no es inspirada por un sentimiento de ostentación, sino que es dictada por el gran principio de la oración en sí. Lo que aquí se enseña es el carácter modesto de la verdadera oración.

Indicaciones Suplementarias, y un Modelo de Oración

Mateo 6:7

7. Y orando, no seáis repetitivos—“No seáis charlatanes”, sería una traducción mejor, tanto por la forma de la palabra en el original, la cual trata de imitar el sonido de una charla, como por el sentido, pues expresa no tanto la repetición de las mismas palabras como una absurda multiplicación de ellas, como se oye por lo que sigue. como los Gentiles; que piensan que por su palabrería serán oídos—Este método de devoción pagana se observa todavía por los hindúes y mahometanos. Se comenta que los judíos tenían una máxima que decía: “Todo aquel que multiplica la oración, es oído”.

Mateo 6:8

8. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis—Por lo tanto él no necesita ser informado de nuestras necesidades, ni movido por nuestra incesante oración, para atenderlas. ¡Qué concepto de Dios tenemos aquí, en contraste con los dioses de los paganos! Pero téngase bien presente que no se refiere a Dios como el Padre general de la humanidad cuando nuestro Señor dice: “Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis”; porque no es a los hombres como tales a quienes se dirige en este discurso sino a sus propios discípulos: los pobres en espíritu, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los de limpio corazón, los pacificadores, los que permiten que se diga de ellos toda suerte de mal por causa del Hijo del hombre. En una palabra, se trata de los hijos de Dios, los cuales han sido regenerados y miran los intereses de su Padre como suyos propios, a quienes se les asegura aquí que su Padre, por su parte, hará suyos los intereses de ellos, y no necesita que se le recuerden ni que se le comuniquen las necesidades de ellos. Y, sin embargo, él desea que sus hijos oren, y añade sus provisiones prometidas a la petición que ellos hagan por ellas; y de este modo nos anima a acercarnos a él y a mantenernos a su lado, a hablar y a andar con él, a abrirle a él todos nuestros asuntos y asegurarnos de que pidiendo así, recibiremos, buscando así hallaremos, llamando así se nos abrirá.

Mateo 6:9

9. Vosotros pues, oraréis así—El pronombre vosotros lleva énfasis aquí, en contraste con las oraciones de los paganos. Que esta incomparable oración fué dada no sólo como modelo sino como forma, se puede entender teniendo en cuenta su propia naturaleza. “Cuando orareis, decid: Padre nuestro”. Sin embargo, ya que la segunda forma varía considerablemente de la primera, y ya que no se conoce ningún ejemplo de su uso, ni ninguna cita o fraseología de la misma en el resto del Nuevo Testamento, debemos cuidarnos de usarla con respeto.

La Oración Modelo (vv. 9-13). De acuerdo con los “padres” latinos y la Iglesia Luterana, las peticiones de la oración del Señor son siete; según los “padres” griegos, la Iglesia Reformada y los teólogos de West-minster, son solamente seis, considerándose las últimas dos como una, lo que nos parece menos correcto. Las primeras tres tienen que ver exclusivamente con Dios: “Santificado sea tu nombre”; “venga tu reino”; “hágase tu voluntad”. Aparecen en escala descendente, pasando de su propia persona a su manifestación en su reino; y de su reino a la plena sujeción de sus súbditos, o la plena ejecución de su voluntad. Las cuatro peticiones restantes tienen que ver con nosotros mismos: “Danos hoy nuestro pan cotidiano”; “perdónanos nuestras deudas”; “no nos metas en tentación”; “líbranos del mal”. Pero estas últimas peticiones aparecen en una escala ascendente, pasando de las necesidades corporales diarias a la liberación final de todo mal.

La Invocación (v. 9). Padre nuestro que estás en los cielos—En la primera parte de esta cláusula expresamos la cercanía de Dios con respecto a nosotros; en la segunda, su lejanía de nosotros. (Véase Ecclesiastés 5:2; Isa_66:1). Una familiaridad santa y amorosa expresa la primera parte; una grandiosa reverencia, la segunda. Llamándole “Padre”, expresamos un parentesco que todos hemos conocido y sentido desde nuestra infancia; pero llamándole “Padre nuestro que estás en los cielos”, hacemos un contraste entre él y los padres que todos conocemos aquí abajo, y por esto elevamos nuestras almas a aquel “cielo” donde él mora, y a aquella majestad y gloria que existen allí como en casa propia. Estas primeras palabras de la oración del Señor, esta invocación con que comienza, ¡qué brillantez y qué calor arroja sobre toda la oración, y a qué región tan serena conduce al creyente que ora, al hijo de Dios que se acerca a él! Es cierto que la paternidad de Dios para con su pueblo no es desconocida en el Antiguo Testamento. (Véase Deu_32:6; Psa_103:13; Isa_63:16; Jer_3:4, Jer_3:19; Mal_1:6; Mal_2:10). Pero éstos no son más que vislumbres o, como Exo_33:23 lo expresa, “las espaldas” de Dios en comparación con “la cara descubierta” de nuestro Padre revelada en Jesús. (Véase Nota, 2Co_3:18). No es por demás decir que la idea que el Señor da a través de este largo discurso suyo, al usar la expresión “Padre nuestro que estás en los cielos”.

Primera Petición (v. 9). santificado sea—Es decir, sea tenido en reverencia; mirado y tratado como santo. tu nombre—El nombre de Dios significa su misma personalidad revelada y manifestada. En todas partes en las Escrituras, Dios define y señala la fe y el amor y la reverencia y la obediencia que él espera de los hombres, mediante sus manifestaciones a ellos, acerca de lo que él es; tanto para alejar conceptos falsos acerca de él, como para que toda la devoción de su pueblo tome la forma y el matiz de su propia enseñanza.

La Segunda Petición:

10. Venga tu reino—El reino de Dios es aquel reino moral y espiritual que el Dios de la gracia está levantando en este mundo caído, los súbditos del cual son todos aquellos que de corazón han sido sujetos a su glorioso cetro, y del cual su Hijo Jesús es la gloriosa cabeza. En su realidad interna este reino existió siempre desde que hubo hombres que “caminaron con Dios” (Gen_5:24), y “esperaron su salvación” (Gen_49:18); que estaban “continuamente con él, sostenidos por su diestra” (Psa_73:23), y que aun en el valle de sombra de muerte, no temían mal alguno, cuando él estaba con ellos (Psa_23:4). El advenimiento del Mesías fué un aviso de que el reino visible se acercaba. Su muerte colocó los profundos cimientos del reino; su ascensión a lo alto, “cautivando la cautividad y tomando dones para los hombres, y también para los rebeldes, para que habitase entre ellos el Señor Dios”; y el Espíritu, mediante la cual esos dones para los hombres descendieron sobre los rebeldes y el Señor Dios fué visto en la persona de miles y miles, “habitando” entre los hombres. Pero todavía está por llegar, y esta petición, “venga tu reino”, debe continuar mientras exista un solo súbdito que deba ser introducido en este reino. Pero ¿no se extiende esta oración más adelante todavía, hasta “la gloria que ha de ser revelada”, hasta la etapa del reino llamada “el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

La Tercera Petición: Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra—Que así como su voluntad es hecha en el cielo, con tanta alegría, tan constante y tan perfectamente, así también sea hecha en la tierra. Pero nos inclinamos a pensar que la aspiración en esta hermosa súplica no tiene referencia directa a un cumplimiento orgánico semejante, y no es más que el anhelo espontáneo e irresistible del alma renovada, puesto en palabras, de ver toda la tierra habitada en plena conformidad con la voluntad de Dios. No es necesario saber si eso sucederá alguna vez, o si puede suceder, para que se pueda ofrecer esta oración. Ella debe dar salida a sus santos deseos, y esto no es más que la atrevida y simple expresión de ellos. El Antiguo Testamento no carece de oraciones que se asemejan a ésta (Psa_7:9; Psa_7:67; Psa_72:19, etc.).

La Cuarta Petición:

11. Danos hoy nuestro pan cotidiano—La palabra compuesta que aquí se traduce “cotidiano”, no aparece en ningún otro lugar, ya sea en el griego clásico o sagrado; de modo que tiene que ser interpretada por la analogía de sus partes componentes. Pero en este punto los criticos están divididos. A los que dicen que significa, “Danos hoy el pan de mañana”, como si el sentido de esta manera concordara con el de Lucas (Psa_11:3), “de cada día”, o “día por día” (según Bengel, Meyer, etc.), se les puede contestar que el sentido que de esta manera se sugiere es apenas inteligible; que la expresión “el pan de mañana” no es lo mismo que “el pan de cada día”, y que entenderlo así parecería contradecir el v. 34. La gran mayoría de los mejores críticos (que miran esta palabra como compuesta de ousía, que significa “substancia”, o “existencia”) por ella entienden “el sostén de la vida”, el pan de subsistencia; y entonces el sentido será: “Danos hoy el pan que las necesidades de hoy requieran”. En tal caso, la traducción de nuestra versión (según la Vulgata, Lutero y algunos de los mejores críticos modernos), “nuestro pan cotidiano”, es. en ese sentido, bastante correcta. (Véase Pro_30:8).

La Quinta Petición:

12. Y perdónanos nuestras deudas—He aquí una interpretación del pecado de vital importancia, pues hace que él sea una ofensa contra Dios que demanda una reparación a sus violados derechos a nuestra absoluta sujeción. Como el deudor en manos del acreedor, así es el pecador en las manos de Dios. Este concepto del pecado, en efecto, se había presentado ya en este discurso, en la advertencia de que nos reconciliásemos con nuestro adversario pronto, a fin de que no se pronunciara contra nosotros sentencia, condenándonos a encarcelamientos hasta pagar el último maravedí (cap. 5:25, 26). Esta advertencia aparece repetidas veces en las enseñanzas subsiguientes de nuestro Señor, como en la parábola del Acreedor y sus Dos Deudores (Luk_7:41, sig.), en la del Deudor Despiadado (cap. 18:23, sig.). Pero al agregarla a este breve modelo de oración, y como la primera de estas tres peticiones que tienen que ver con el pecado, nuestro Señor nos enseña, de la manera más enfática concebible, a considerar como principal y fundamental este concepto del pecado. Dicho concepto nos impele a buscar el perdón, el cual no quita la mancha del pecado de nuestro corazón, ni tampoco nos quita el justo temor de la ira de Dios ni las indignas sospechas de su amor, sino que aparta de la mente de Dios mismo, su desagrado contra nosotros por causa del pecado, o, para retener la comparación, borra o cancela de su “libro de memorias” todo registro contra nosotros por el pecado. como también nosotros perdonamos a nuestros deudores—Aquí hallamos el mismo concepto tocante al pecado; solamente que ahora es transferido a la región de las ofensas hechas y recibidas entre hombre y hombre. Después de lo dicho en cap. 5:7, no se pensará que el Señor enseñe aquí que nuestro ejercicio del perdón para con nuestro prójimo absolutamente preceda y sea la base propia del perdón de Dios para nosotros. Su enseñanza, como la de todas las Escrituras, es del todo contrario a esto. Pero así como nadie razonablemente puede imaginarse ser el objeto del perdón divino, si deliberada y habitualmente no tiene espíritu perdonador para con sus semejantes, así es una hermosa provisión el hacer que el derecho nuestro de pedir y esperar diariamente el perdón de nuestras faltas, y nuestra absolución final al entrar al reino en el gran día, sean dependientes de nuestra disposición para perdonar a nuestros semejantes, y nuestra prontitud para protestar ante el Escudriñador de corazones de que en realidad los hemos perdonado (Véase Mar_11:25-26). Dios ve su propia imagen reflejada en sus hijos perdonadores; así que, pedir a Dios lo que nosotros no concedemos a los hombres, sería lo mismo que insultarle. Tanto énfasis hace nuestro Señor en esto, que inmediatamente al terminar esta oración, es éste el único punto de la oración al cual vuelve (v. 14, 15), con el fin de asegurarnos de que la actitud de Dios hacia nosotros en este asunto del perdón, será exactamente como haya sido la nuestra.

La Sexta Petición:

13. Y no nos metas en tentación—Quien sinceramente busca el perdón de sus pecados pasados, y tiene la seguridad del perdón, se esforzará por evitar el cometerlos en el futuro. Pero conscientes de que, “queriendo yo hacer el bien,… el mal está en mí”, se nos enseña a hacer esta sexta petición, que viene naturalmente al final de la anterior y, en efecto, fluye de ella instintivamente en el corazón de todo creyente sincero. Hay alguna dificultad al interpretar esta petición, ya que es cierto que Dios conduce a su pueblo, como en el caso de Abrahám y de Cristo mismo, a circunstancias diseñadas para tentarlos, o para probar la firmeza de su fe. Algunos comentaristas consideran esta petición como sencillamente una expresión humilde de nuestra desconfianza en nosotros mismos, y como nuestro temor instintivo ante el peligro; pero esta opinión nos parece demasiado débil. Otros la entienden como una oración para no ceder a la tentación y, por lo tanto, equivalente a un pedido de apoyo y libramiento cuando somos tentados; pero esto parece ir más allá del fin indicado. Nosotros nos inclinamos a entenderla como una oración para no ser inducidos o arrastrados, por nuestra voluntad propia, a la tentación, a lo cual la palabra aquí empleada parece dar algún apoyo: “no nos metas”. Esta interpretación mientras que no pone en nuestra boca una oración para no ser tentados, lo cual es algo que el proceder divino no garantiza, tampoco cambia el sentido de la petición a una súplica por apoyo al estar bajo la tentación, lo que estas palabras difícilmente significarían; pero nos da un objeto definido para la oración, en cuanto a la tentación, que entre todos los ruegos es el más necesario. Fué precisamente esto lo que necesitaba y dejó de pedir Pedro, cuando de su propia iniciativa y a pesar de las dificultades se metió en el palacio del sumo sacerdote, y donde, una vez absorbido en el escenario y ambiente de la tentación, cayó tan miserablemente. Si es así, ¿no parece bien claro que fué exactamente esto por lo cual el Señor quería que sus discípulos orasen, cuando en el huerto les dijo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación”? (cap. 26:41).

La Séptima Petición: mas líbranos del mal—No vemos motivo justo para considerar ésta como la segunda mitad de la sexta petición. Con mucha más razón podrían considerarse la segunda y la tercera peticiones como una sola. La conjunción “mas” que une las peticiones sexta y séptima, es motivo insuficiente para considerarlas como una sola, aunque sí es suficiente para mostrar que un pensamiento sigue naturalmente al otro. Como la frase “del mal” también puede traducirse “del malo”, no puede haber alguna duda razonable de que el apóstol Pablo, en algunas de las últimas frases que escribió antes de ser sacado de la cárcel para sufrir por su Señor, se refiere a esta misma petición al usar un lenguaje de tranquila seguridad: “Y el Señor me librará de toda obra mala (compárese el griego de los dos pasajes), y me preservará para su reino celestial” (2Ti_4:18). Esta petición final, pues, se entiende correctamente sólo cuando es considerada como una oración por el libramiento de todo mal, de cualquier clase que sea, no sólo del pecado, sino de todos los efectos de él, plena y finalmente. Con esta petición nuestras oraciones terminan propiamente, pues ¿qué podemos desear que no incluya esta petición? porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén

Dios los Bendiga.

Blog7

June 3rd, 2010

Bendiciones:

Este es un Blog para todos aquellos que buscan la verdad y aprender mas sobre la Palabra de Dios, al igual se va estar informando de eventos, noticias y todo lo relacionado con el Cristianismo, donde podemos interactuar en las distintas publicaciones que se estarán actualizando.

Espero que seamos de Bendición y al igual ustedes para nosotros.

Atte: Staff Publi7